El Canelo, esencial en la cultura de los pueblos originarios y la historia marítima, fue un remedio clave contra el escorbuto, salvando a muchos navegantes en el Estrecho de Magallanes.
El Canelo (Drimys winteri), conocido también como el árbol sagrado de los Mapuches, es una especie endémica de los bosques templados de Chile y Argentina. Este árbol, con su follaje siempreverde y flores blancas, no solo ha sido un pilar cultural para los pueblos originarios, sino que también desempeñó un papel crucial en la historia de la navegación europea, especialmente en la lucha contra el escorbuto.
Durante los siglos XVI y XVII, el escorbuto se convirtió en una de las principales causas de muerte entre los marineros en largas travesías. Esta enfermedad, causada por la deficiencia de vitamina C, se manifestaba inicialmente con síntomas como cansancio extremo, dolor en las articulaciones, y encías sangrantes, progresando hasta la pérdida de dientes y, en muchos casos, la muerte. En aquellos tiempos, la falta de conocimiento sobre la causa de la enfermedad la hacía aún más temible.
El Estrecho de Magallanes, una ruta peligrosa y fría que conecta los océanos Atlántico y Pacífico, fue escenario de muchas expediciones europeas. Durante estos viajes, el escorbuto era un problema constante debido a la falta de frutas y verduras frescas. Sin embargo, el Canelo se convirtió en un salvador inesperado. Las hojas y la corteza de este árbol, ricas en vitamina C, eran utilizadas por las comunidades indígenas del sur de Chile y Argentina para prevenir y tratar diversas dolencias, incluido el escorbuto.
Uno de los primeros europeos en documentar las propiedades del Canelo fue el cirujano John Wynter, quien acompañó a Sir Francis Drake en su expedición alrededor del mundo. En 1578, durante su paso por el Estrecho de Magallanes, Wynter observó cómo los indígenas consumían la corteza astringente del Canelo para tratar enfermedades. Al regresar a Inglaterra en 1580, llevó consigo un suministro de esta corteza, conocida posteriormente como la "corteza de Winter". Durante siglos, antes de que se descubriera la vitamina C, esta corteza fue utilizada como remedio antiescorbútico.
El legado del Canelo se consolidó aún más durante las expediciones del capitán James Cook en el Pacífico Sur. Cook y su tripulación se mantuvieron libres de escorbuto gracias a una infusión preparada con la corteza de Drimys winteri. El naturalista Johann Reinhold Forster, quien acompañó a Cook, fue el primero en describir y nombrar oficialmente esta especie, reconociendo su importancia tanto para la medicina como para la navegación.
El uso del Canelo no solo salvó incontables vidas durante las exploraciones marítimas, sino que también dejó una huella perdurable en la historia de la navegación. Hoy en día, este árbol sigue siendo valorado por sus propiedades medicinales y su importancia cultural. Su plasticidad fenotípica, que le permite crecer en diversos entornos, desde zonas áridas hasta humedales, es un testimonio de su adaptabilidad y resistencia.
El Canelo, una vez un secreto de las comunidades indígenas del sur de Chile y Argentina, se convirtió en un símbolo de supervivencia y adaptación en uno de los entornos más desafiantes del mundo. Este árbol sagrado, con su capacidad para curar y proteger, sigue siendo un guardián silencioso de los bosques australes, testigo de la historia de los navegantes que desafiaron los confines del mundo.